“Ese vaso es de Violeta”

 

 

 

 

 

         En un bello pueblo cercano a un volcán, al que todos llaman cariñosamente “Bomm Bomm”, vive una familia a la que le gusta mucho viajar.

 

         Cada año, cuando pasa la y antes de que llegue la primavera, se sientan alrededor del viejo para planificar el viaje que harán en verano.

 

         A Violeta y a su hermano Víctor, les encanta ir anotando en una vieja agenda, que le regaló su abuelito Valentín, los lugares que han visitado y también aquellos que les gustaría visitar.

 

         Los dos hermanos recuerdan siempre su primer viaje. Sus padres, Victoria y Vicente, les llevaron a conocer un viejo poblado . La cultura de ese pueblo les pareció mágica. Sus casas eran como las que habían visto en algunas películas. Sus trajes de vivos colores…

 

         El primer día que llegaron a ese pueblo, Violeta se acerca al escaparate de una antigua tienda de regalos y abriendo mucho sus ojos, casi grita:

 

         -¡¡¡Papá, papá, mira ahí!!!

         -Vale Violeta, pero no grites hija mía –dice su papá.

         -OHHHH, OHHHH ¡Mira qué bonito! ¡Parece que es de oro! –repite una y otra vez Violeta.

         -Jajajajaja ¡Es verdad! –dijo su mamá.

         -¿Podemos entrar, por favor? –pregunta Violeta.

 

         La niña está tan nerviosa y camina tan rápido que casi tropieza con un señor que sale de la tienda. Entra rápidamente y antes de que sus padres se den cuenta, aparece con el preciado objeto entre sus manos. Lo mira y dice:

 

         -¡Qué bonito! ¡Qué bonito! Papi ¿me compras este tan precioso?

         -Violeta, ten cuidado. A ver si lo vas a romper –dice su padre.

         -Qué vaso tan “guay” –comenta su hermano Victor.

         -Violeta ¿has preguntado el precio del vaso? –pregunta su madre.

 

         Violeta con el vaso en la mano se dirige hacia el mostrador donde está la de la tienda:

         -¡Buenos días señora! ¿Cuánto cuesta este vaso?

 

         Vanesa, la sonriente de la tienda que está sentada junto al , la mira y le pregunta:

 

         -¿Por qué te gusta ese vaso?

         -Señora, me gusta la forma que tiene. Su color dorado me recuerda al y además me parece ¡MÁGICO!. Nada más verlo en el escaparate me ha deslumbrado y ¡quiero comprarlo! –contesta la niña.

         -Muy bien. Te lo venderé porque estoy segura de que lo vas a cuidar y que ese vaso te hará feliz. Así que solo te costará unos . Pero has de prometerme que ese vaso lo compartirás con todas las personas que te rodean –dice Vanesa.

         -¡Claro que sí! ¡Se lo prometo! Es tan bello que me gustará mucho compartirlo con todos –comenta Violeta muy contenta.

 

         La niña sale de la tienda con el vaso dentro de una hermosa de regalo. Con mucho cuidado lo coloca en el asiento del

 

         A partir de ese día la niña cada vez que sale de viaje, se lleva el vasito. Es su preciado amuleto. Sabe que, junto a él, lo pasa genial.  El vasito ha recorrido ya con ella muchos lugares:

 

         *Parte de Europa: París, Londres, Madrid…

         *Atravesó el océano Atlántico en y llegó a Méjico.

 

         Violeta está encantada con su vaso. A veces le gusta ponerse su vestido de campo y pasear cerca de las del , mientras contempla en los verdes prados cercanos a su casa, a las , las , los

 

         Cuando llega cerca de una parra que da sus preferidas, de un intenso color morado, saca su vasito, lo alza entre sus manos y mira como el sol parece entrar dentro de él dándole un intenso color dorado.

 

         Algunas noches de llena, Violeta se coloca junto a la del salón, enciende de colores, escucha música de violín y toma un batido de frambuesa en su vasito.

 

         Con frecuencia, prepara en su casa su merienda preferida: DE MANZANA y ZUMO DE y ¿sabéis qué hace con el vasito? Pues cada día le toca a un amigo o amiga suya beber el zumo en le bello vasito.

 

 

         Y bebiendo, bebiendo… este cuento se va corriendo hasta llegar al

 

                            "final"

 

 

                                                                ©  Mª Eugenia Pérez Cáceres.